La Orquestina del Fabirol es, hoy por hoy, una de las formaciones más importantes del panorama folk en Aragón. Su música es una apuesta sincera y natural por la música directa, por el sonido limpio, sin intermediarios. Sonidos arraigados en la tradición musical de su tierra pero que vuelan con las alas que los músicos, gente de su tiempo, le dan, entendiendo que todo camino musical es válido para expresarse cuando surge de la suma cultural y no de falsas fusiones de mercado.
 
Los conciertos de La orquestina son toda una fiesta, una propuesta ágil, divertida y espontánea donde caben una tonada “a pelo” y una pieza de arreglo elaborado, la canción reflexiva y la melodía trepidante, y donde hay tiempo para la poesía y para el baile. Con una siempre cuidada puesta en escena, conviven los géneros populares con temas de creación y los instrumentos tradicionales se armonizan perfectamente con otros más comunes en la música actual.
 
Con el tiempo, los del fabirol han ido conformando una sonoridad acústica que les caracteriza, fruto de su dilatada carrera, con más de un millar de actuaciones, con siete trabajos discográficos y con unos atractivos directos. Y se han convertido en referencia obligada al hablar de la actualización de las músicas de raíz.
 
Esa reconocida trayectoria de la banda y la labor creativa de cada uno de sus músicos, ha aportado al grupo una sólida base que le permite una gran versatilidad y trabajar tanto pequeños formatos en acústico, como espectáculos de cuidada producción y puesta en escena. No en vano, su “potente directo” les ha hecho compartir variados escenarios europeos (en España, Francia, Bélgica, Portugal, Alemania, Italia…) con intérpretes, por citar sólo algunos, como Sharon Shanon, Kepa Junquera, Oskorri, Alan Stivel, Septeto Santiaguero o The Pogues.
 
Y hoy, después de diecinueve años sobre los escenarios… La orquestina del fabirol no le dice que no a casi nada.

 
Dando la nota desde el 86
 
En 1986 unos cuantos músicos y amigos protagonizaron una idea que, sin saberlo, resultaría ser genial: invitar, en una céntrica plaza zaragozana, a cuantas personas estuvieran dispuestas a compartir música entre amigos y poner en práctica algunas danzas tradicionales, sin más pretensión que la de pasar un buen rato.
 
La idea no era original pero sí novedosa en Aragón y la reunión se iba haciendo más y más grande. El éxito de cada nueva convocatoria era tal que varios de aquellos músicos (algunos ya habían compartido proyecto en la mítica “Crica fol-ban”) decidieron convertirse en un grupo formal que adoptaría el modelo de “músicos con maestros de ceremonias para un público que participa bailando”. Había nacido…
 
 
…La Orquestina del Fabirol
 
Tras ese planteamiento inicial de recrear el patrimonio musical aragonés a partir de su sentido más práctico y vital, el baile, La Orquestina fue enseguida haciendo incursiones en otros terrenos más o menos musicales.
 
Si bien es cierto que las músicas de tradición y sus derivados en forma de “músicas del mundo”, “étnicas”, etc. pronto acaban encasilladas, no es tan fácil encasillar la música del fabirol, porque si algo ha caracterizado al grupo desde sus inicios es el hecho de buscar incesantemente nuevos campos de trabajo, sembrando en terrenos yermos del secarral aragonés donde hasta ese momento no se había recogido apenas nada.
 
En un primer momento, con su propuesta de verbena tradicional, que pronto haría escuela; a continuación con su apertura hacia otras formaciones y grupos de teatro (ahí están las tempranas colaboraciones con la Promotora de Acción Infantil o con Titiriteros de Binéfar, para quienes fue la “banda sonora” de su popular “El bandido Cucaracha” durante tantos años y tantos y tantos kilómetros; y enseguida, también, con su opción de editar trabajos monográficos a la hora de editar discos, línea que –por cierto– tan buenos resultados le ha dado.
 
Desde los primeros años, pues, los incansables fabiroles han ido trabajando las más diversas facetas de la música: conciertos temáticos, trabajos de investigación, cursos, colaboraciones de todo tipo, elaboración de materiales para escolares…
 
En 1989 saldría su primer disco al mercado, el fresco y jovencísimo “Suda, suda, fabirol!", posible gracias al aporte del Instituto de Estudios Altoaragoneses tras la participación en el seminario “Los Pirineos, ¿puente o barrera?”. En el 90, La orquestina del fabirol fue considerada el “mejor grupo de música folk de España”, al ganar el Certamen Nacional de Jóvenes Intérpretes organizado por el Instituto de la Juventud y a raíz del cual se grabó en el 91 “Zorras, pollos y villanos”.
 
Tras los primeros cambios en los componentes del grupo y de “jubilar” nuestra colaboración con los Titiriteros de Binéfar en una obra de teatro que tantas satisfacciones había dado (“El bandido Cucaracha”), la banda inició una nueva andadura que buscaba la inclusión de piezas vocales. El trabajo concluyó en 1994 con “Me’n baxé ta tierra plana”, el tercero, que supuso todo un hito para la historia de la música en Aragón pues por vez primera un grupo musical, con un planteamiento no local, editaba un disco íntegro en lengua aragonesa dotándola de contenidos universales y apostando por una línea de compromiso que marcaría desde ese momento el futuro del grupo.
 
Había sido un reto difícil, sólo posible por la coedición de los propios músicos y de Ligallo de fablans de l’aragonés, pero la formidable acogida del disco situó a La orquestina en un número de ventas inaudito en Aragón hasta ese momento para un grupo de esas características.
 
En el 96 se publicó “Albada al Nacimiento”, fruto de un trabajo interesantísimo sobre las músicas navideñas que partía de material recopilado por Blas Coscollar, arreglado por el prestigioso músico alemán Berhnard Rövenstrunck y que sería elegantemente editado por la Caja de Ahorros Inmaculada.
 
El trabajo desde los escenarios continuaría incesantemente esos años, teniendo lugar algunas de las giras más memorables (Portugal, Açores, Alemania), hasta que en el año 2000, como consecuencia de la colaboración con la musicóloga Isabel Riazuelo, se editaría el trabajo más étnico de la orquestina, “Danzas de Sobrarbe”, en el que los fabiroles se muestran más próximos que nunca a la tradición musical de la tierra en la que viven varios de sus miembros.
 
En 2002 publicarían “Acumuer”, comparable en algunos aspectos al “M’en baxé…” pues su repercusión pública fue enorme. Más tiempo de trabajo, de producciones para el directo, de actuaciones por Francia, Bélgica e Italia hasta la edición en 2005 de “Ninonaninón”, su séptimo registro, disco rabiosamente vital como ninguno, dedicado a ese refugio íntimo que todos deberíamos visitar más a menudo.